martes, 21 de octubre de 2014

Ayuda para dejar de fumar (Relato inacabado)

Héctor Saura fumaba mucho menos de lo que le habría gustado, o gastaba en tabaco mucho más de lo que le habría gustado, proporcionalmente hablando. No fumaba más de cinco o seis cigarros al día –cinco entre semana, seis los días libres-, pero sólo se quedaba con alrededor de un tercio de las cajetillas que compraba en la máquina del bar que había frente a su bloque de pisos. El resto lo guardaba y lo tiraba disimuladamente. Hasta ese año había gastado aproximadamente lo mismo, pero había fumado tres veces más. La mayoría de las advertencias que el Gobierno había hecho que se imprimiesen en las cajetillas hacían que una mezcla entre miedo al dolor y una especie de sentido de deuda hacia su propia existencia le impidiesen disfrutar de su hábito. En un principio sólo aceptó los recuadros que rezaban “Fumar durante el embarazo perjudica la salud de su hijo”, “Ayuda para dejar de fumar: consulte a su médico o farmacéutico” y “Fumar provoca el envejecimiento de la piel”; no obstante, la asunción de que su ex novia no volvería con él le permitió disfrutar de las doce caladas por cigarro a las que acompañaba el mantra “Fumar puede reducir el flujo sanguíneo y provoca impotencia”.


11 de abril de 2013

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