El mono
pinta en las paredes de su cueva. A la fuerza se ha convertido en un experto en
carbón, arcilla, resina, grasa y mierda. No caza, sólo pinta; deja que otros
hagan el trabajo y se excusa justificando como puede las torpes estrategias que
sus dedos plasman torpemente. En realidad, los pigmentos que improvisa el mono
son bastante malos; con los años la humedad los irá deshaciendo y sus
compañeros comenzarán a sospechar que era un farsante. Pero no pasa nada;
todos, incluido él, habrán muerto antes de que las pinturas se borren del todo.
4 de junio de 2014
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