martes, 21 de octubre de 2014

Agua

No voy mucho a la playa, pero cuando lo hago me gusta nadar hasta que me quedo sin pulmones y sin brazos. Entonces me tumbo boca arriba y dejo que el agua se me meta en los oídos; así, las voces de la orilla no pueden entrar. Y me olvido de cómo pensar, y soy incapaz de hacerlo aunque lo intente, porque el agua hace un ruido extraño y porque estoy demasiado ocupado recuperando el aliento. Cuando ya estoy lleno de aire, miro un momento hacia el horizonte, y después sigo a las olas.


18 de agosto de 2010

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